Vistazo al Pasado, Proyectando la Visión

Domingo, 28 De Diciembre 2025

Con un corazón agradecido, el Pastor Sammy recordó la fidelidad de Dios a lo largo de 2025: respuestas a oración, consuelo en la angustia y provisión constante. Mirar atrás no fue para quedarnos en el retrovisor, sino para preparar el parabrisas: ¿qué visión quiere Dios para 2026? A partir del relato de Lucas y Hechos, se trazó una línea clara entre la conversión de Saulo y su comparecencia ante el rey Agripa. Dios definió su visión desde el principio: “instrumento escogido” para gentiles, Israel y reyes. Esa visión no era ambición personal ni atajos de conveniencia; era obediencia a un llamado que exigía perseverar a través de prisiones, piedras, difamaciones y decepciones.

El Pastor Sammy subrayó que toda persona en Cristo tiene propósito. Desde antes de nacer, Dios preparó dones, historias y aun heridas que Él redime para cumplir Su diseño. La visión llega en pasos: se ve una necesidad y se sirve allí; al ser fiel en lo poco, Dios ensancha el campo. Por eso, abandonar la visión suele nacer más de adentro que de afuera: dudas, heridas, comparaciones o la tentación de manipular la plataforma para conseguir beneficios. Pablo rehusó esas salidas; mantuvo el fuego interior de la visión hasta poder decir: “no fui rebelde a la visión celestial.”

La debilidad no fue estorbo sino aula. Ante el aguijón, la respuesta del cielo fue “bástate mi gracia”; el poder de Cristo se perfecciona justo donde el orgullo no puede sostenernos. De esa escuela brotan valentía y ternura: hablar claro ante reyes sin perder el alma; servir a ricos y pobres con la misma pasión; construir iglesia entre risas y lágrimas. Así se formó un siervo capaz de llenar ciudades de esperanza sin dejar de amar a personas de a una.

Concretamente, el Pastor Sammy afirmó que 2026 demanda intencionalidad. Si cada creyente ora, ama y acompaña al menos a una persona, el impacto se multiplica en hogares, trabajos y vecindarios. La visión empieza en casa: esposos que pastorean, esposas que edifican, padres e hijos reconciliados. No es hora de renunciar al lugar donde Dios te plantó, sino de pedir claridad y obedecer paso a paso. El Espíritu Santo habita en el creyente y mantiene ardiendo esa llama. Con Él, la visión no se apaga; madura, avanza y bendice.

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