El peligro del “estilo de adoración”
La gente puede ensayar diferentes estilos de adoración. Para muchos, tener “el sonido correcto” en la música es el factor principal para decidir si una iglesia es apropiada para ellos, o incluso para juzgar a otros.
El término “estilo” surgió en parte por la noción equivocada de que la alabanza se trata de nosotros: la música que nos agrada, los instrumentos, o la época en que se escribieron las canciones.
Obviamente existen formas de adoración que pueden resultar difíciles para algunas personas por su cultura, conciencia o educación. Otras veces, una forma de adoración puede contener acciones contrarias a lo que la Biblia enseña.
El punto es asegurarse de que la alabanza no se trate de lo que nos complace, lo que nos gusta o con lo que nos sentimos cómodos. Quizás hubieses estado incómodo con ciertas prácticas de adoración en Israel (2 Samuel 6:13–23).
A pesar de cualquier preferencia personal, la adoración se trata de Dios. Adorar es una respuesta de humillación, gratitud y gozo por Su grandeza (Salmos 100; Isaías 44:23; Isaías 51:11).
Cuando vivimos preocupados por lo que la gente va a pensar, podemos construir una barrera a la verdadera adoración. Nuestros intentos por una “buena experiencia” pueden convertirse en una auto-adoración insípida.
Cuando nos preocupa más cómo nos vemos adorando que a Quién adoramos, dejamos de adorar a Dios y comenzamos a adorarnos a nosotros mismos.
Dios advierte firmemente acerca de adorar cualquier cosa que no sea Dios, porque nuestros corazones pueden alejarse de Él (Deuteronomio 8:19; Deuteronomio 11:6).